Se trata de la creación de una programación de exhibiciones que a la vez es un programa de formación para agentes del campo local interesados en el arte contemporáneo. Este programa lo llamamos microescuela de curaduría, y está integrado por artistas, profesionales jóvenes de otros campos y gestores culturales. Los participantes aprenden haciendo, es decir, hacen parte de la planeación, diseño de la programación de exposiciones y programa público, construcción de presupuesto, cronogramas, textos de mediación para las redes sociales y para los programas de mano; y montaje.
La idea es convertir el funcionamiento mismo de lugar a dudas en una escuela. Se busca que los participantes aprendan herramientas de autogestión en las artes, curaduría, escritura, y que esto les sirva para fortalecer sus propios proyectos en el campo del arte en el futuro.
La escuela funciona por invitación. Cada participante propone una investigación curatorial y lugar a dudas le otorga una bolsa de trabajo para que su proyecto se desarrolle y se exhiba en nuestras instalaciones.
¿Por qué micro?
El grupo es pequeño porque se trabaja en profundidad con cada una de los participantes, quienes reciben:
¿Por qué curaduría?
Consideramos que apoyar el campo del arte implica fortalecer no solo la producción de obra, sino también las actividades y agentes que están alrededor de las obras y los artistas: escritura, educación, curaduría, gestión, etc.
Con cada nuevo curador que se apoye en el inicio de su carrera, se está propiciando la creación de lecturas y discursos que fortalecerán los lazos de las prácticas de diversos artistas. Al apoyar un trabajo curatorial se está poniendo a circular varias obras, se ponen en diálogo obras locales con obras internacionales, obras de una generación con otra; y en estos procesos de circulación y construcción de discursos, se está favoreciendo la práctica artística.
Además, el rol de un curador implica siempre realizar múltiples funciones a la vez: gestión, producción, administración, formulación de proyectos, escritura; por lo que la apuesta de esta escuela por apoyar proyectos curatoriales, implica el fomento de más actividades y roles, no solo el de los artistas.
Sin embargo, que no declaremos esta como una escuela de artistas sino de curadores, no implica que artistas no sean invitados a participar, ni que se esté fomentando una división tajante entre la actividad artística y la curatorial. Lo que la escuela quiere apoyar son prácticas que están construyendo una mirada, un discurso, y unos modos de hacer que integran a varios en un solo proyecto, que une objetos o prácticas, personas, registros, disciplinas y discursos. En ese sentido, un entrenamiento curatorial puede beneficiar también a artistas que hacen investigaciones individuales con su obra; se trata también de aprender a ver lo curatorial como un conjunto de herramientas conceptuales para investigar en artes, no como una disciplina que solo pueden ejercer quienes se denominan curadores.
Al apoyar lo curatorial, partimos de la idea de que los curadores son creadores de contextos. Un curador sabe gestionar, pero su labor excede la gestión, porque no solo administra y consigue recursos, sino que considera que su labor es la de producir conocimiento a través de las conexiones que crea y los formatos con los que experimenta.
En ese sentido, la propuesta de esta microescuela se hizo pensando en crear una práctica instituyente. Teníamos una beca importante del gobierno nacional que duraba dos años (2024-2025), ¿Cómo íbamos a usar ese dinero? lugar a dudas ya llevaba más de quince años otorgando becas a artistas jóvenes para que realizaran un proyecto puntual. Esa medida fue importante en su momento, pero después de más de una década las necesidades cambian. Un artista que ganaba una beca de esas no podía volver a participar. Entonces empezamos a pensar que el campo no necesariamente se fortalece al apoyar proyectos aislados. Hay que construir campo primero, y por eso pensamos en fortalecer las prácticas curatoriales en la ciudad.
¿Por qué se fomenta la construcción de exposiciones?
Después de un tiempo sin hacer exposiciones, se retomaron en 2024 las exhibiciones con un énfasis diferente. Durante el año 2021 y 2022, los años en que lugar a dudas no tuvo programación, hubo un nuevo auge de exposiciones y proyectos autogestionados en la ciudad. Por lo tanto, al comienzo de 2023 no considerábamos que fuera necesario hacer más exposiciones, pues ya las estaban haciendo otros. La hipótesis en ese momento es que lugar a dudas podía aportar a la ciudad más desde la oferta de un programa público. Sin embargo ese movimiento que observamos en los dos años anteriores, se empezó a frenar en 2023, y después de seis meses de solo ofrecer cursos, talleres y charlas, pensamos que definitivamente era importante retomar las exposiciones, pero no lo podíamos hacer de cualquier manera, ni volviendo al formato anterior (las becas locales de creación BLOC). Pensamos que podíamos aprovechar que íbamos a hacer exposiciones y no quedarnos ahí, sino hacer de eso una escuela. Aunque defendemos que las exhibiciones son solo una de las posibles formalizaciones de lo curatorial, usamos la exposición como medio porque creemos que esta es una instancia ideal para aprender a pensar a través del espacio y de la materia.
¿Por qué surge el semillero de curaduría?
lugar a dudas como una escuela: capitalizar esa experiencia
Cuando lugar a dudas abrió sus puertas, en el año 2005, en Cali no había para los recién egresados de carreras artísticas la posibilidad de tener un trabajo en el campo del arte. Cuando lugar a dudas empieza a ofrecer esa posibilidad, se va convirtiendo con los años (y sin proponérselo), en una escuela, en un espacio en el que los jóvenes de varias generaciones han venido a aprender, mientras trabajan, varios oficios relacionados con el arte; y así hacer una transición entre la formación universitaria y la vida laboral en el campo artístico y cultural. Con la microescuela se ha pensado en capitalizar esta experiencia que lugar a dudas ha construido durante ya dos décadas. Ahora se ha decidido sistematizar esa experiencia, y hacerlo de una manera más consciente y estructural. Se espera que a través de la microescuela de curaduría, la operación misma de lugar a dudas se convierta en una escuela que ofrezca la posibilidad de aprender haciendo en el campo real.
Espacios independientes: ¿Público o comunidad?
Entre 2005 y 2020 lugar a dudas mantuvo su programación de exhibiciones, proyectos educativos, biblioteca, publicaciones, cine, residencias artísticas y becas locales de creación (BLOC). En el año 2020, tras la pandemia, el equipo decide detenerse, parar, tomarse un tiempo para pensar qué tenía sentido seguir haciendo y cuál era el futuro de lugar a dudas. Pero este interés en repensar el sentido de lo que se hacía ya venía desde hace algunos años, e incluso antes de la pandemia, ya se venía considerando la idea de una pausa. Se hablaba en ese momento de decrecer como concepto, quizá porque tras dos décadas de una programación muy nutrida (varios eventos a la semana) y variada, había una baja en la asistencia de algunas actividades, y eso generaba la pregunta: ¿Para quién estamos haciendo esto?
Hasta ahora, he relatado estas informaciones en una voz impersonal o en una colectiva, sin embargo, en adelante, ya que se trata de hipótesis propias, comienzo a hablar en primera persona en mi calidad de persona que propuso esta microescuela como una estrategia para la continuidad de lugar a dudas:
A finales del año 2022, Oscar y Sally me convocan para preguntarme si me interesa trabajar como co directora artística. Esas crisis de sentido que yo estaba heredando al aceptar esta co dirección, las traduje en dos preguntas: ¿Quién es nuestro público ahora? ¿Queremos un público o queremos una comunidad?
Del año 2020 al 2021, lugar a dudas se detuvo, después en 2022 abrió sus puertas del espacio físico, pero sin ofrecer programación presencial. Entre 2021 y 2022 surge la idea y se lleva a cabo una escuela online de cuidados para practicantes latinoamericanos en conjunto con TEORética y Capacete. Estos años de pausa habían aumentado la crisis de sentido y la pregunta sobre: ¿Para quién hacer qué? Creo que no se trataba sólo de una crisis local, sino que, en general los espacios independientes de artistas parecían en crisis a nivel mundial, el campo del arte internacional en general también estaba en crisis (¿Para qué hacemos arte hoy en día?); también cuestiones como el auge del internet y las redes sociales había hecho que cambiaran las audiencias, los públicos. Todo eso, sumado a otra crisis, la de financiación. Durante los años 2005-2020 lugar a dudas contó con el apoyo de entidades europeas y con un financiador local que daban unos recursos generosos sin pedir a cambio reportes exhaustivos; además era un apoyo que se renovaba casi automáticamente cada año. Además de esos apoyos, el fundador de lugar a dudas, Oscar Muñoz, dona anualmente (desde los inicios hasta ahora) una parte del costo total del funcionamiento del espacio.
Cuando entro a trabajar en lugar a dudas no solo había que repensar el sentido entero de la organización, crear una programación nueva, sino también: conseguir fondos para realizar la programación, pero también para el sostenimiento estructural del espacio, pues ya el dinero no llegaba de forma automática: había que ganárselo, concursar por él, salir a buscarlo, por lo tanto había que pensar un proyecto contundente, no solo hacer una programación más. Un proyecto instituyente, como dije más arriba en este texto.
Todo esto llevó a que tuviera que ser pensado con mucho cuidado qué se iba a proponer como reapertura de lugar a dudas. Consideraba que no era el momento de proponer una programación como cualquier otra, como la que hubiera sucedido durante cualquier otro año del funcionamiento de lugar a dudas, o en cualquier otro espacio del mundo. Consideraba que tampoco era el momento de hacer una programación que sacara a relucir mis statements y las particularidades de mis intereses temáticos como curadora independiente.
Y aunque uno está acostumbrado a pensar y hacer con su gallada (más nosotros los que hemos vivido de la autogestión), ¿Cómo no hacer una programación solo a partir de los amigos y los gustos del director en curso?
Una y otra vez la pregunta era: ¿Para quién trabajar? ¿Es para los artistas profesionales? ¿Es para los estudiantes y profesores de arte? ¿Para el público general que quiere tener aproximaciones al arte? ¿Cómo enfocar la programación?
Consideraba que quienes piensan en términos de “público” son los museos, y que un espacio independiente debe tener una noción más amplia y experimental de qué es el público, y esto se logra otorgando cierta agencia, cierta participación en la programación, no solo tratándolos como receptores de un contenido.
Algo que me parecía importante era retomar la escala y la dimensión de espacio independiente que tenía lugar a dudas cuando comenzó.
Que siguiera supliendo algunas necesidades del contexto, pero que ya no fuera asumida como una institución formal que suple al contexto local de las necesidades que deberían ser suplidas por la política pública. Algo característico de las instituciones es que tienen unos funcionarios a los que se les paga por hacer un trabajo, en cambio un espacio independiente es una agremiación de personas que crean una iniciativa para tratar de responder a sus preguntas. Es decir, los que crean la iniciativa son también parte del público.
lugar a dudas ha sido un espacio de una naturaleza extraña. Nace como un espacio independiente, pero ante la carencia de tanta infraestructura en el campo artístico durante las décadas pasadas, empieza a llenar vacíos institucionales.
Esa función que cumplió en el campo local de proveer la infraestructura que el gobierno no estaba proveyendo, hizo también que lugar a dudas cambiara de escala y se volviera cada vez más grande, con un equipo mayor y más espacios y programas por sostener.
Muy al comienzo el espacio funcionaba con la presencia cotidiana de sus fundadores y algunos voluntarios, después se empezó a poder pagar un sueldo y había un equipo minúsculo de dos o tres personas. Como el tema de los espacios independientes era aún reciente, y más en Cali (aunque ya había habido varios grupos de artistas haciendo cosas, lugar a dudas llegaba como el primero con cierto músculo capaz de ofrecer algo de infraestructura), se sentía un clima de urgencia, y por tanto se sentía también que el pequeñísimo equipo que movía el espacio, ponía mucho de su visión y vitalidad en el funcionamiento y programación. De la visión y urgencia de estas personas se creó el tono con el que se fundó lugar a dudas y que se hizo tan atractivo durante su primera década de funcionamiento. Esa escala, y ese producir desde una urgencia que crea una visión y unas apuestas y un modo de hacer a pequeña escala era lo que lo hacía ser un ESPACIO INDEPENDIENTE¹.
Las personas del equipo iban cambiando de vida, de prioridades, y unos años después los fundadores de lugar a dudas consideran la posibilidad de contratar una dirección artística, invitan a Miguel López, quien ejerció esta labor por varios años.
¹Los espacios independientes se caracterizan por hacer una programación artística, pero no necesariamente tiene fines comerciales como una galería, ni tampoco actúa con la institucionalidad ni necesariamente tiene los compromisos que un museo tiene con la historia, con la conservación de obras y con la ciudad. Un espacio independiente es una iniciativa fundada y dirigida por artistas y para artistas; y por lo general asociamos esta expresión a una cierta experimentación a la que recurren un grupo de artistas para responder a sus preguntas y necesidades y a las de su contexto.
Después se abre una convocatoria internacional para curadores. Ese programa como convocatoria abierta dura dos versiones, una en la que Gris García (México) es seleccionada, y otra en la que es seleccionada Maria Loureiro (Brasil). Al cabo de estas dos versiones, se invita a Victor Albarracín a que sea el director artístico ².
A mi modo de ver, esta figura de curador invitado o seleccionado por convocatoria, hacía que los miembros del equipo de trabajo, tuvieran un rol diferente, más si se tiene en cuenta que, además del programa diseñado por el curador en curso, ya había una programación definida por otros: las exposiciones que se hacían eran resultado de las becas locales de creación (BLOC), la programación de cine la hacía un colectivo de cine o el profesor Oscar Campo, ya había un modo establecido de hacer las publicaciones impresas, etc. Por todo esto, no había mucha manera de que el equipo participara de manera estructural en la construcción de la programación, aunque los procesos de toma de decisiones de lugar a dudas han sido siempre muy abiertos y se invitaba a todo el equipo a opinar y dar ideas. Lo que pasaba con esto era que el equipo de lugar a dudas ya no tenía esa agencia que tenía el equipo del principio. Esto hacía que la forma de involucrarse de las personas con este trabajo que era pensar este espacio fuera distinto: ya no tanto como artistas fundadores que están poniendo todo de su existencia para construir una infraestructura para sus urgencias, sino más como personas a las que le están pagando por hacer un trabajo.
Esta lectura, esta versión es muy personal, pero es de ahí de donde surgió la hipótesis que me llevó a proponer la escuela de curaduría. Pensaba que era necesario que el equipo tuviera un rol más estructural en las decisiones de la programación, para que lugar a dudas volviera a funcionar como un espacio independiente y no como una institución, como llevaba los últimos casi diez años funcionando.
Entonces surge la idea del semillero como un grupo de personas que inciden en la programación de lugar a dudas, que (algunas de ellas hagan parte del equipo base de trabajo), y que eventualmente se puedan ir convirtiendo en “dolientes” del espacio; es decir, en personas que ven en lugar a dudas un lugar desde el cual pueden trabajar por sus preguntas y urgencias, y que quizá pueden más adelante convertirse en co directores o constituir un consejo o una junta, o simplemente en personas que están dispuestos a mover y sostener este espacio en un futuro próximo. Esto se hace también pensando en que las futuras direcciones artísticas sean asumidas por personas que ya tengan una vinculación estructural con el lugar.
La palabra comunidad es muy compleja, y no sé si eso es lo que se está logrando con el semillero, pero digamos que la palabra “comunidad” funciona como un norte operativo: tratamos de dirigirnos hacia allá, aunque sabemos que hay algo de utopía en eso, y muchas limitaciones aún. Por ahora, nos hemos asegurado de que haya diversidad de carreras, de intereses, de perfiles en el semillero; y cada integrante trae su propio grupo de conocidos y amigos. Esta ha sido una estrategia para acercarnos a esa noción de comunidad, para diversificarnos, y para volver a traer público interpelado a lugar a dudas. Con la creación del semillero se ha tratado de responder a la pregunta: ¿Cómo hacer para pluralizar, sin que se perdiera la voz, la apuesta, la visión, el tono, la mirada de un espacio independiente? Crear una voz polifónica no homogeneizante requiere de una mirada curatorial, y no de evadir la voz autoral de la curaduría a través de convocatorias.
²En la página web en la sección nuestra historia hemos relatado a partir de hechos, acciones y datos la historia de lugar a dudas, a través de la cual se pueden ampliar algunas de las informaciones que estoy dando aquí. También hay otras formas de consultar nuestra historia: a través del libro descargable Palmeras en la tormenta (editado por Víctor Albarracín), y a través de una serie de videos que hemos seleccionado. Todo esto se puede consultar en el menú “Nuestra historia” en la página web.
¿Qué se busca con el semillero?
La idea del semillero es enriquecer y diversificar la visión curatorial de lugar a dudas, y ofrecer herramientas a nuevas generaciones que puedan tener un interés en lo curatorial, esto con el fin de seguir fortaleciendo el campo desde Cali.
También la idea es que el equipo que hace funciones como el desarrollo de la biblioteca, o comunicaciones y redes sociales, puedan ver sus funciones como actividades curatoriales en las que está involucrada la mediación artística.
Se busca fortalecer el campo artístico desde las posibilidades de aprender haciendo en el mundo real, y generando oportunidades de empleo.
Se pretende que las herramientas adquiridas durante esta formación les servirán después a los participantes para el agenciamiento de sus propios proyectos personales.
¿Con qué criterios se invitan y seleccionan los participantes?
Fueron seleccionadas pensando en que sus prácticas podrían nutrirse de un entrenamiento curatorial.Se trata de personas que ya estaban empezando a hacer funciones curatoriales en sus respectivos campos. Las clínicas que se realizaron durante el año 2023 permitieron conocer la práctica de algunas de estas personas que han sido invitadas a las dos cohortes del semillero. Los perfiles de las personas invitadas se pueden ver en la siguiente respuesta.
¿Cuál es la metodología?
El foco del semillero es el de aprender a conceptualizar una investigación curatorial y a traducirla en el espacio. El semillero funciona como un taller: entre todos los participantes discutimos la propuesta que cada uno formula y la vamos editando en grupo.
La metodología aunque es práctica, es sobre todo dialógica. Consiste en aprender de las preguntas, problemas, soluciones, decisiones de montaje, decisiones textuales; propias y de los demás. Aprendo al resolver problemas en mi propia exposición, pero también aprendo al ver y oír solucionar problemas a los demás. Se espera una actitud participativa: aprendemos haciendo (taladrando, escribiendo), pero SOBRE TODO aprendemos de las decisiones con otros, de ver cómo hacen otros, del tipo de discusiones y soluciones que se proponen dentro de la curaduría. Se espera que cuando se estén llevando a cabo sesiones que correspondan a un proyecto curatorial que no es el propio, cada participante active sus mecanismos de aprendizaje a través de la escucha, el pensamiento crítico y el aprendizaje autónomo.
Muchas veces el contenido está implícito, requiere un trabajo analítico de los participantes hacer el esfuerzo por pensar:
¿En esta conversación que parece banal entre usar X o Y color en una pared, qué importancia tiene esto, con qué concepto o modus operandi lo puedo vincular? Se espera que los participantes del semillero tengan la mente activa en este sentido: tratando de ver qué hay de curatorial en discusiones que parecen mínimas, sencillas (y para poder tener la mente alerta identificando esto, es importante las lecturas y charlas grabadas que entregamos como parte de la formación). Los artistas y los curadores pensamos a través de la materia y el espacio, así que si discutimos si el marco de una imagen debe ser en madera o debe ser en metal, esta no es una decisión menor, sino que tiene que ver con apuestas ideológicas (estéticas, políticas y epistemológicas) que voy a reflejar a través de mis decisiones materiales y espaciales. Por eso se requiere que el participante esté atento, y trate de descubrir por sí mismo el quid implícito en cada debate que se arma en los encuentros. Por todo lo anterior, el carácter es COMPLETAMENTE presencial.
Los talleres son el eje del semillero, y son eminentemente prácticos. Los conceptos, ideas y teorías sobre la curaduría se discuten en los talleres, pero cada participante lo estudia de manera autónoma a través de algunos recursos como: una serie de charlas grabadas (que sucedieron algunas presenciales, otras online durante 2024) con curadores de distintas nacionales y distintas aproximaciones a la práctica curatorial. Todas están disponibles en nuestro canal de youtube.
A mediados del 2024, tanto la primera cohorte como la segunda se unieron en dos talleres curatoriales, uno con el curador Juan Canela y otro sobre lo editorial como práctica curatorial con Ferrán elOtro. Además, hubo un taller de sketch up con el artista Miguel Escobar. Aparte de este material, los participantes cuentan con una bibliografía digital donada por Juan Canela.
¿Qué reciben los participantes del semillero?
Las mentorías se enfocan en:
Las mentorías funcionan por fases:
Durante la primera cohorte del semillero, las sesiones fueron coordinadas y moderadas por Éricka Flórez. Durante las sesiones de montaje traíamos distintos interlocutores para que nos ayudaran a resolver problemas y a pensar nuestras elecciones. Entre esas personas, estuvieron Herlyng Ferla y Gerson Vargas. Para la segunda cohorte, dos participantes de la primera cohorte toman roles de coordinación y mentoría (Miguel Escobar y Sahara Rosero serán los tutores de los talleres de producción y montaje). Las sesiones de conceptualización siguen estando a cargo de Éricka Flórez.
¿Quiénes conforman y han conformado el semillero?
Para el grupo piloto inicial del semillero de curaduría, fueron convocadas Erika Pantoja y Sahara Rosero (comunicadora social y socióloga, respectivamente, parte del equipo de lugar a dudas), Yeraldin Rosero, Laura Campaz y Luna Laverde Sanjuan (artistas locales con investigaciones curatoriales).
Para el segundo grupo fueron convocadas Casa Futura como colectiva, María del Mar Nuñez (Diseñadora industrial con maestría en Artes vivas), Jacobo Arango (Escritor y profesor de literatura interesado en las intersecciones entre artes y texto), Diana Riascos (artista interesada en prácticas editoriales).
¿Cuáles son los planes futuros del semillero?
Estamos preparando un libro, en el que intentamos mostrar con ejemplos y estudios de caso en qué sentido y cómo se construye conocimiento con la curaduría, y qué tipo de preguntas y desafíos nos enfrentamos durante la conceptualización y montaje de una exposición.
¿Cómo se financia este proyecto?
Gracias a la beca lista bienal de proyectos de interés nacional, un programa del Ministerio de las culturas, las artes y los saberes de Colombia.
Exposiciones
Las siguientes son el resultado de cada una de las curadurías realizadas por los participantes de la microescuela de curaduría

Mal de Tierra es una exposición colectiva en torno al duelo y la pérdida que revisa el trabajo de artistas visuales y cineastas contemporáneos que, al poner en diálogo experiencias personales e historias colectivas, entrelazan archivo, ficción y documento. El barro aparece como una materia maleable con agencia, llena de huellas, ausencias y despojos que se vuelven evidencias que despliegan relatos.
Hace calor, el ambiente está húmedo. Mucho ruido de disparos, vehículos a toda velocidad. Al fondo gritos de órdenes, indicaciones, comandos. Perdiste. Tienes la opción de reiniciar la partida. Aún estás en el posetiadero del barrio; y de este conflicto puedes salirte cuando quieras. Todas las teclas llevan a alguna parte en esta selva pixelada.
Con esta exposición se busca resaltar el hackeo de videojuegos (los mods, los parches, los simuladores y la piratería) como una estrategia artística con la que se introducen, desde el sur, grietas a las narrativas y estereotipos dominantes que se crean a través de juegos como Pro Evolution Soccer (PES), GTA y Call of Duty; todos creados por el norte global.
Un partido de fútbol entre los zapatistas y el Inter Milán, un Call of Duty donde lo importante son las plantas y la palomaguacamaya, un videojuego en el que para poder pasar al siguiente mundo tienes que liberar a tu pueblo del extractivismo y las multinacionales, un GTA en el que el paisaje californiano es mirado desde abajo, otro GTA poblado por un grupo sindical que va narrando la vida del trabajador promedio durante el paro nacional del 2021.

Bajo la sombra del monte, el futuro se revela
Un viaje a través del tiempo y el espacio explora cómo el cimarronaje, más allá de un hecho histórico, se ha convertido en un poderoso camino para entender las luchas actuales. Esta exposición nos muestra proyectos que, desde el legado del cimarronaje, viajan hasta el futuro. Descubriremos cómo la búsqueda de refugio y la construcción de una vida digna se convierten en símbolos de resistencia.
En Monteoscuro (Puerto Tejada), el machete es un símbolo de fortaleza. En manos de Alexandra Idrobo, el machete es una extensión de su cuerpo y espíritu. A través de la esgrima con machete, un arte marcial que nació como respuesta a la esclavización, Alexandra revive los movimientos de sus ancestras, honrando su legado con cada paso, cada giro. Más que una herramienta de defensa, el machete es un amuleto, un símbolo que se tatúa en la piel negra, otorgando protección.

Las maricas negras transformamos todo lo que tocamos. Así como nuestras ancestras transformaron su conocimiento y lo narraron con sus poesías, rezos y cantos de generación en generación.
¿Cómo hemos transformado los rituales, los altares, el performance y la cultura ballroom desde Cali? Acá llegó la religión Yoruba y la transformamos. Las maricas y mujeres, que nunca fuimos bautizadas en la regla, la seguimos cambiando, creemos y guiamos a otras hermanas en su búsqueda, sin pedir permiso a los hombres. Acá llegó la cultura ballroom y las mariquitas negras locales empezamos a agregar categorías, a invitar a las mayoras a que caminaran. Por su forma de acoger y cuidar, las casas de los balls son formas contemporáneas de cimarronaje, son formas de asociarse para sobrevivir gozando. También llegó el vídeo, que nació narrándonos y sigue haciéndolo como otredad, desde miradas blancas reduccionistas y lo hemos cambiado, hemos cogido la cámara, un arma creada contra nosotres, para contarnos, impregnar nuestra memoria y dejar legado de nuestra existencia en un mundo en el que a nadie le importamos.

Nuestro último proyecto de 2024 fue un ejercicio curatorial grupal realizado por la segunda cohorte del semillero de curaduría que inició su proceso en julio. En nuestras conversaciones empezó a aparecer una pregunta por el espacio: ¿Cómo espacializo un contenido? ¿Cómo sugerir ideas y sensaciones a través del espacio?

Minima Agencia Curaduría: María del Mar Núñez Gañán Por su parte, el pensamiento occidental se ha concentrado en la quietud, en hacernos pensar que hay

Por fe, no por vista una exposición/disposición de relatos institucionales Curaduría: Jacobo Arango Esta investigación curatorial dispone una serie de relatos institucionales que han sido

Del mundo que se alumbra cuando nadie lo escribe Octubre 14 2025 a Enero 18 2026 Curaduría: Sara Martínez La escritura es una constante pérdida