Mal de tierra​

Curaduría: Sahara Rosero @logansrh

Mal de tierra - 2024

Inauguración: 5 de abril
6:30 pm Performance de apertura por Mónica Restrepo

Artistas invitados: Mónica Restrepo, Federico Atehortúa, Simón Uribe y Kader Attia

Semillero curaduría: Erika Pantoja, Luna Laverde, Laura Campaz, Sahara Roser, Yeraldin Rosero.
Dirección semillero: Éricka Flórez.
Dirección general: Sally Mizrachi


*Proyecto apoyado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes – Programa Nacional de Concertación Cultural.


Índice:

El barro como documento.
En el barro, la historia se despliega,
capa sobrecapa, un palimpsesto terrenal.
Con cada derrumbe, una página se borra,
y en su lugar, una nueva se comienza a trazar.

Mónica, descalza, sobre la tierra pisa,
dejando huellas que rememoran.
Un saqueo, una guaca, la tierra que susurra,
historias de codicia, de tierra y de reforma.

El Dinosaurio Blanco, por el río arrastrado,
un eco de la extracción, un monumento al pasado.
La tierra, al final, reclama su tributo,
devorando el objeto, por el cemento gastado.

Suspensión, estructura olvidada,
promesas que fracasan.
con su lente, captura la ironía,
de un puente que va a ninguna parte,
una esperanza quebrada.

Así, en el barro y en el concreto,
se entrelazan las vidas, los sueños, los secretos.
La tierra, testigo de nuestra humanidad,
nos invita a reflexionar, a recordar, a ser discretos.

Sobre la Exposición

Mal de Tierra es una exposición colectiva en torno al duelo y la pérdida que revisa el trabajo de artistas visuales y cineastas contemporáneos que, al poner en diálogo experiencias personales e historias colectivas, entrelazan archivo, ficción y documento. El barro aparece como una materia maleable con agencia, llena de huellas, ausencias y despojos que se vuelven evidencias que despliegan relatos. Se exponen los restos de la pierna de la patasola; una película que explora plástica y filosóficamente la persistencia de los miembros amputados; una broca petrolera hecha en papel maché que se arrastra por el asfalto hasta desaparecer; un elefante blanco en el Putumayo que intenta conectar una montaña con otra, avalanchas, excavaciones de falsos positivos, un performance sobre chismes de una guaca saqueada: en fin, la tierra haciendo de las suyas.

El Barro como documento

El barro -esa sustancia aparentemente modesta y efímera- se convierte en un documento en constante reescritura. En la obra Mala Gana, Mónica Restrepo se para descalza sobre un piso de barro aplanado y fresco, moviéndose por él y dejando huellas mientras cuenta la historia del saqueo de una guaca indígena prehispánica en 1992 en una hacienda del Valle del Cauca, a manos de unos terratenientes locales. En la prensa, los actores aparecen descritos como agricultores que se dedicaban a escarbar la tierra, y no se le denomina a este acto como “saqueo”. Durante la acción performática, la artista cuenta una historia, muestra imágenes, desenvuelve documentos, invita al público a hacer formas con el barro, y a través de su relato, pone en cuestión las paradojas de la relación con la noción de tierra y propiedad en un país colonial como Colombia. Este trabajo hace parte de una investigación más larga de la artista, en la que explora el barro como una herramienta de escritura que se va reeditando. En sus propias palabras: “el barro hace referencia a donde sucedió el encuentro y el posterior saqueo del cementerio (…) excavar y modificar es como si se tratara de reescribir el texto que ya fue escrito y de la historia que ya fue contada (…) excavar es entonces volver a mirar, mirar el suelo, observar detenidamente y descomponerlo”.

Ese mismo palimpsesto que sucede una y otra vez en el barro, sucede también con los derrumbes, esos procesos geológicos devastadores que afectan profundamente a los seres humanos. Cuando la tierra pierde su estabilidad, desencadena una avalancha de rocas, tierra y escombros, reescribiendo el paisaje y dejando cicatrices visibles en la superficie. A pesar de la devastación inicial, la repetición persistente se manifiesta en la atracción hacia lo familiar y la necesidad de pertenencia. Las personas, a menudo, insisten en volver a habitar estos espacios peligrosos, desafiando la lógica y la seguridad. La tierra que se viene abajo, la imposibilidad de franquear las fronteras de la naturaleza, esa agencia que tiene el barro de moldear geografías y prácticas hace parte de la película Suspensión, un documental de Simón Uribe.

En esta se examina uno de los ‘elefantes blancos’ más notorios del sur de Colombia. El término se refiere a grandes obras que, hechas con dinero público, quedan inconclusas tras una fuerte inversión. Una imponente estructura de concreto abandonada, originalmente destinada a unir las vías entre San Francisco y Mocoa en Putumayo, es la protagonista en un film que explora la violencia estructural en las periferias del país y que presenta los renders de un proyecto de licitación como documentos ficcionales. Estos elementos simbolizan cómo los sucesivos gobiernos modifican los proyectos de infraestructura, que a menudo son más un reflejo de aspiraciones emocionales y políticas que de realidades concretas.

Cuando la tierra se desploma, se revelan capas ocultas, como páginas de un antiguo libro geológico. Los escombros expuestos pueden contener tesoros arqueológicos, minerales valiosos o incluso fragmentos de historias humanas enterradas. La búsqueda de significado y riqueza a menudo impulsa a las personas a excavar en los restos, a pesar de los riesgos evidentes. Así, en un ciclo interminable de destrucción y descubrimiento, la repetición se manifiesta. Pero también hay una lógica extractivista subyacente en estos actos. La mentalidad de extraer recursos a cualquier costo, incluso si eso significa desestabilizar aún más el terreno o destruirlo, nos recuerda que la historia se reescribe constantemente, tanto en la superficie como bajo ella.

Pero no solo se trata de reconstruir viviendas; también se trata de explorar lo que yace bajo la superficie. Dinosaurio Blanco es otra obra de Restrepo, en el que las brocas tricónicas, utilizadas para extraer petróleo del fondo de la tierra, son reproducidas en papel maché, hechas con los libros de códigos de mineros colombianos. Este gran objeto es arrastrado por la artista vestida de operaria a lo largo de la ribera del río Magdalena por la ciudad de Barranquilla. La idea es que de tanto ser arrastrado, el objeto desaparezca. Esta broca tricónica de perforación es una huella, indicio de los grandes proyectos de desarrollo que responden a una lógica extractivista y a su vez se convierte en un monumento lleno de carga histórica para las grandes facultades de ingenierías. En este performance se presenta una paradoja: un objeto que penetra e irrumpe violentamente la tierra, es destruido, precisamente por la tierra misma, por la fricción con el cemento.

 

Macro y Micro : el archivo y la ficción

Las obras de Mónica Restrepo, Federico Atehortúa, Simón Uribe y Kader Attia convergen en su exploración de cómo los eventos nacionales o colectivos afectan la vida íntima. En muchas ocasiones, estos eventos son repeticiones de hechos inconclusos. En este contexto: la broca alude a la lógica extractivista sistemática del país, que trae consigo prácticas violentas como el paramilitarismo y el daño ambiental. La broca como metáfora, penetra y corroe, dejando cicatrices en la tierra y en la sociedad; La patasola como un vestigio de una población regulada por el terror; Mala Gana reflexionando sobre el saqueo indígena ocasionando gran perdida de identidad; suspensión presentando a las mega obras, inicialmente concebidas como proyectos logísticos para el desarrollo regional, a menudo se convierten en monumentos que reflejan los sueños frustrados de sus habitantes; Reflecting Memory su guiño sobre la perdida y la recuperación del despojo colonial; Estudio sobre la Tierra #3 que más allá de una critica al arte, podemos desplazarla al fenómeno del centralismo y las periferias olvidadas de Colombia y Pirotecnia una reflexión sobre las múltiples representaciones de un mismo hecho.

Además, en la representación de la historia oficial, la ficción es inherente. Las imágenes, como documentos visuales, tienen el poder de reescribirse y alterar nuestra construcción de la memoria, tal y como lo vemos en Pirotecnia (el documental de Federico Atehortúa) indaga sobre los orígenes del cine en Colombia. Durante este proceso, Atehortúa descubre varios documentos históricos nacionales que han sido alterados. Esto le permite establecer una reflexión sobre la representación de los discursos oficiales y la inestabilidad de las múltiples versiones y representaciones de un mismo hecho. Hay una escena, en la que se muestra un grupo de personas, como las escenas forenses de identificación de fosas comunes en zonas rurales, mientras que una voz en off cuenta que esta es una puesta en escena, un remake de una escena relacionada con la búsqueda de falsos positivos. Es decir, construye un escenario ficticio sobre un positivo ficticio. En Colombia, se habla de falsos positivos, especialmente relacionándose al periodo entre 2002-2010 en el cual el gobierno, al parecer, tuvo como política la de premiar a los soldados que llegaran con más bajas de insurgentes, sin importar si eran o no guerrilleros. Se han reportado cifras de 6402 ejecuciones extrajudiciales en ese periodo de gobierno. Dentro de sus archivos familiares se encuentra con el video de una obra de teatro infantil montada por su madre, quien era la maestra del curso y que él protagonizó. En esta se relataba los primeros casos de falsos positivos del país ocurridos en Marquetalia – Tolima en el año 1964. Durante la producción de este documental irrumpe un suceso en su vida: su madre es diagnosticada con mutismo selectivo, lo que lo lleva a investigar las posibles causas de esta condición. Dentro de esta búsqueda surge la duda de si este mutismo es fingido o es real, y esta relación entre lo verdadero y falso es lo que articula el diálogo entre sus archivos familiares y los documentos nacionales; reflexiona sobre la representación de los discursos oficiales y la inestabilidad de las múltiples versiones y representaciones de un mismo hecho, estableciendo paralelos entre los acontecimientos recientes en Colombia y los inicios del cine documental. Así, reflexiona acerca del poder y la manipulación inherentes a las imágenes.

Por otro lado, estas obras ponen en dialogo la relación macro y micro, es decir, nos sumergen a los detalles más íntimos de un contexto marcado por la violencia estructural entrelazándose con la vastedad de un memoria colectiva o nacional.

Las ausencias y las huellas

Debemos reconocer que el duelo no se limita a la pérdida individual; también puede ser un proceso colectivo, y en el contexto de la violencia estructural, en el cual, nuestra sociedad ha experimentado pérdidas masivas debido a conflictos armados, desplazamientos forzados y violaciones a los derechos humanos. He observado, desde una perspectiva política y de afecto cómo el duelo o la negociación de la pérdida de nuestro país se manifiestan en la formación de colectivos y proyectos que buscan esclarecer la verdad y cuestionar la intervención del Estado.

Las siguientes obras de esta muestra comparten una aflicción común (juntas, buscan negociar su pérdida) se convierten en testimonios visuales de la ausencia del Estado. Cada operación, lleva consigo las huellas, que son un registro de emociones que nos permiten tramitar (o deducir) lo que sucede en nuestro presente; como que cuando recordamos, recordamos lo que nos produjo el hecho en sí, y esta idea podría cuestionar algo tan estructural como es la memoria nacional. En este proceso de negociación, los artistas se enfrentan a la tarea de reelaborar lo que nadie quiere tramitar. Es por ello que, desde una metáfora sencilla como el “espejo negociador” ante una pérdida, el documental “Reflecting Memory” de Kader Attia recopila testimonios de personas con miembros mutilados. A través de ellos, se muestra la persistencia de la presencia sensorial del miembro ausente. Una de las estrategias de la película es el uso de espejos, en los cuales se refleja la extremidad presente para aliviar la sensación del miembro perdido. Asimismo, nos sumerge en la sutil analogía de las sociedades afectadas por la colonización. En este caso, las prácticas artísticas funcionan como un ente reparador que busca construir memoria y borrar la huella del trauma.

En esta misma línea, Aparecida, variaciones sobre la pierna pérdida de la patasola de Mónica Restrepo por medio del folclor narrativo colombiano, la artista reflexiona sobre la leyenda de la patasola una mujer con apariencia monstruosa que vive en la selva y solo tiene una pierna que termina en pezuña. Por eso, mediante treinta y dos huesos que conforman la pierna izquierda de una mujer, modelados en barro crudo, expuestos en lugares diferentes dentro de un espacio de exhibición, la artista recorre el lugar para recolectar uno a uno y junto con textos guionizados se entrelazan rumores, pensamientos e historias acerca de una mujer que se transformó en La Patasola y de una sociedad que se regula a través del terror.

En este contexto, el Estudio sobre la tierra #3: Tesis trasciende a su mera catalogación como índice de contenidos de un proyecto de maestría inexistente. En cambio, se adentra en una exploración crítica de cómo el paisaje ha sido interpretado a lo largo de la historia del arte colombiano. Dentro de su contenido, encontramos guiños que señalan problemáticas reales relacionadas con la tierra, tales como: la propiedad privada y la centralización que emergen como temas cruciales. Esta tesis no solo desentraña las capas ocultas del paisaje, sino que también cuestiona las estructuras de poder y las ausencias que han marcado la historia de Colombia. A sí mismo, podríamos relacionarlo fácilmente con los habitantes de Mocoa en suspensión y su interacción con un proyecto fracasado y mutilado, pues propone una negociación con la continua pérdida, el duelo constante que surgen de los planes y el desarrollo frustrado resultado de ese olvido de las periferias colombianas.


Siguiendo la línea de Martin (2023), “Me ha llamado la atención ver en tantos artistas el énfasis en los elementos: agua, tierra, aire, fuego. Es como si los tiempos que vivimos nos llevaran a buscar respuestas en lo esencial. Llegamos al punto, querámoslo o no, de preguntarnos por lo más básico, por lo fundamental… para encontrar allí las respuestas ante la pregunta por lo importante.” Es por ello por lo que encuentro en cada pieza y en cada operación una respuesta básica al ¿Cómo nos enfrentamos a la perdida?; pues la tierra al ser ese elemento esencial y protagonista que a la vez actúa cómo un testigo silencioso de la violencia, responde ante la perdida, cómo documento en el que se escriben luchas y resistencias. de narrativas vastas y conflictivas. A menudo ignoradas o malinterpretadas. Pero siempre reescribiéndose, negociante y desafiante, perpetuamente resiliente. En fin, la tierra haciendo de las suyas…

“Pirotecnia” ilumina, la pantalla se enciende,
documentos alterados,
Falsos positivos, en la historia se extienden,
6402 almas, su eco no se apaga.

En el espejo, la memoria se refleja,
un miembro perdido, una presencia que se deja.
El espejo negociador, una metáfora de sanación.