Linda ha trabajado sobre todo en escultura, pensando en el origen de los materiales y en las cosas que les van sucediendo; es decir, ha estado interesada en la temporalidad de la materia. Observa materiales orgánicos en descomposición, trabaja con el óxido, mezcla motores, que son elementos que nos remiten a una cierta modernidad, con materiales y formas de hacer ancestrales, como los canastos o el tejido. A veces hace pinturas en las que la mancha se construye con planchas industriales, otras veces los tintes vienen de plantas, otras veces con grasa quemada de motor. De esta manera, las telas se vuelven filtros, membranas.
Esa búsqueda por la historicidad de la materia, era para ella una manera de indagar por lo antiguo. En esa contradicción entre lo industrial moderno y las técnicas ancestrales empezó a encontrar lo que buscaba. En ese proceso empezó a hacer canastos y mochilas con un hombre de la comunidad Huitoto, con una mujer de la comunidad Kogi. Con Isaías, uno de los mayores que conoció en el proceso, hicieron un canasto teñido en hoja de coca. A partir de ese canasto la llamaron a trabajar con la comunidad Okaina. El color de ese objeto que lograron juntos la hizo preguntarse por el origen y la historia de ese color. Empezó a experimentar con el verde que dan elementos vegetales como la clorofila, el mambe, la espirulina. Muchos de los experimentos que hizo con óxido y descomposición fueron para observar que las cualidades del color iban apareciendo en función de la descomposición de un material, y cómo esto dice algo de la transitoriedad y la plasticidad de la materia.