La herramienta correcta

Carlos Bonil

Al inicio de 2001: Odisea espacial, el clásico de Stanley Kubrick, un grupo de primates descubre, gracias a la influencia de un monolito llegado de la nada, que usar el hueso de un animal muerto como arma, les confiere poder sobre otras especies y sobre grupos distintos de la suya propia, al hacerlos capaces de matar de un modo más eficaz. Contrariando la denominación establecida siglos atrás por Lineo en la que los humanos fuimos definidos como Homo sapiens, el filósofo francés Henri Bergson, propuso un nuevo nombre para nuestra especie: Homo faber, el hombre que hace. La frase de Bergson es bastante sugerente: “Creemos que a la esencia del ser humano pertenece el crear material y moralmente, el fabricar cosas y fabricarse a sí mismo. Homo faber, tal es la definición que proponemos. El Homo sapiens ha nacido de la reflexión del Homo faber sobre lo que fabrica”.

En un documental de Nat Geo mostraban cómo los paleontólogos definían si los restos encontrados en una cueva eran o no humanos, y uno de los factores esenciales para esta determinación era la presencia de utensilios en el lugar del hallazgo. Si hay herramientas, hay humanidad, parecería decirnos el documental.

Son muchas las herramientas que hemos construido a lo largo de la historia. Todo nuestro mundo es un paisaje fabricado mediante el uso de utensilios, herramientas, maquinaria. A través de la herramienta, el hombre ha construido el mundo, pero construir el mundo es siempre imponer sobre el mundo el poder de lo humano y, más allá, el poder del humano que golpea con un hueso el cráneo de otro sin acceso a la herramienta correcta. La herramienta correcta, esta escultura que Carlos Bonil, un hacedor compulsivo, ha fabricado en varias ocasiones, siendo ésta versión del 2013, nos habla de esa dominación del otro a través de la comprensión de los alcances de un dispositivo. Sin perspectiva, una bandera producida expresamente para esta exhibición, nos muestra muchas de esas herramientas de modelado del mundo, de control social, de poder sobre la vida y la muerte, sobre nuestra vida y muerte. En ese sentido, pensando en nuestro transito entre el Homo faber y el Homo sapiens, deberíamos entender, quizás a partir de las coyunturas más abyectas de nuestra realidad, que, si bien la tecnificación de ese hueso original ha sido asombrosa, no lo ha sido tanto como el hecho de que un simio con un hueso siga ostentando el poder sobre nuestras vidas.