Gran Lanzamiento de Afrostival Compuesto

Carmenza Banguera

Una temprana canción de La Pestilencia comenzaba afirmando que “hombres inteligentes, granpensantes, hemos creado un monstruo” y entre tantos monstruos que hemos creado, ese que configuran los festivales de World Music alrededor del globo resulta bien particular. En 1980, Peter Gabriel crea WOMAD (World of Music and Dance), una iniciativa que ha desarrollado desde entonces más de 170 festivales en 30 países del mundo. En 1989, Gabriel crea Real World Records, un sello distribuido por Universal Music Group a nivel mundial. Gracias a Real World, el mundo (es decir la gente blanca que toma vino y que tiene una chimenea) pudo conocer las prodigiosas músicas de Nusrat Fateh Alí Khan, Youssou N’Dour, Dengue Fever, Totó la Momposina y el Afro Celt Sound System (una banda formada en 1995 por cuatro irlandeses de pieles que fluctúan entre el blanco queso y el rosado camarón, quienes sumaron a su proyecto un conjunto variopinto de gentes color café y chocolate ataviados con turbantes, telas vistosas y tamborcitos de todo el sur global, para tocar una especie de etno-chill out con supuestas resonancias de la bhangra India, de la música árabe, del dub de Jamaica, de la música del África occidental y, por supuesto, de los ritmos celtas) pero, más allá de dar a conocer estas músicas, Real World abrió el camino para, obvio, blanquearlas. Cuando uno escucha discos de Real World, escucha siempre piezas perfectamente ecualizadas, brillantes, con arreglos orquestales, sin malos olores, sin mosquitos, ensoñadoras, casi que cantadas en ASMR para que nadie se despeluque, para que todos sintamos que el mundo es uno y nos pertenece, todos tomados de la mano formando una combinación de colores muy armónicos y reminiscentes de las publicidades de United Colors of Benetton en los 90.

Más de para acá, el Festival Petronio Álvarez, el más grande encuentro de cultura afro en Latinoamérica, según nos cuenta Wikipedia: “Inició el 9 de agosto de 1996 por una voluntad política del entonces gobernador del Valle del Cauca Germán Villegas Villegas, y por iniciativa del humanista y gestor cultural Germán Patiño Ossa, quien en aquel entonces ejercía su labor como gerente cultural del departamento. Según su creador, el surgimiento del festival obedece a […] una iniciativa gubernamental que buscaba reivindicar a la ciudad de Cali con su historia y ésta obedece a la esencia de su fundación: «ser puente nexo entre el interior del país y el mar del sur», reconociendo la importancia de la población afrodescendiente en la conformación de una cultura vallecaucana y reestableciendo la relación de Cali con el litoral Pacífico, y es así como la capital del Valle del Cauca se convierte a través del evento, en un puente visibilizador de las músicas provenientes de diferentes comunidades del Pacífico que para aquel entonces se encontraban en vía de extinción”.

El festival, que fue sacado a tutelazo limpio del teatro al aire libre Los Cristales por los vecinos inconformes por el ruido y el desmadre de un montón de negros, fue creciendo con los años, pasando a la Plaza de Toros, al Pascual Guerrero y hoy, donde ya casi no cabe, a la Unidad Deportiva Panamericana. Con los años, manifestaciones minoritarias como los violines caucanos y la marimba de chonta solita se han ido marginalizando (marginalizando más) para darles paso a orquestas más grandes, más fusionadas, con más mezclas sonoras y ecualización profesional, con presupuesto, con atuendos a tono y con sonidos más modernos. El Petronio de hoy es un emprendimiento cultural que ha catapultado espectáculos de alta facturación como Choc-Quib Town, la Pacifican Power y Herencia de Timbiquí (este año reloaded con la OrquestaFilarmónica de Cali), colapsando con estas músicas masivas la estructura hotelera de la ciudad, atrayendo gente de todo el mundo y haciendo chic los turbantes y las trenzas, vistos con malos ojos durante el resto del año por las élites locales y por las gentes que se definen blancas y que, en consecuencia, visitan la ciudad en agosto para sentirse negros. Como negocio, el Petronio genera recursos enormes para la ciudad y para los particulares que crean emprendimientos paralelos al festival, desde Airbnb y Uber hasta perico y sexo.

Dicen que otro Petronio sucede en las calles durante todo el año, lejos de la mirada de los medios, de los turistas, de los promotores y de las unidades de economías creativas de ministerios y alcaldías. Un Petronio que asusta a la gente de bien porque incluye nociones como “asonada bailable”, que se riegan como pólvora en las esquinas de la gran Cali negra, poniendo a llorar a la policía y preocupando a los comerciantes. El tutorial de la asonada ya está en YouTube y distintos remixes de “Los tombos son unos hijueputas baia baia” pueblan Soundcloud y otras plataformas, dándole forma nueva a un viejo mensaje transmitido a golpe: que el colono bien puede ir sintiendo terror del colonizado, listo siempre para la asonada.

Esta vitrina publicita el emprendimiento farmacéutico de Carmenza Banguera, quien está convencida de que a mucha gente, blanca y blanqueada, no le basta con la música y la adyacencia de cuerpos negros para relajarse durante el Petronio y, menos aún, durante nuestras pálidas vidas. Quizás esta cura en ampolletas puede ser la solución a ese pánico inefable hacia la alteridad más radical.

Es un medicamento. No exceder su consumo. Leer la etiqueta. Si los síntomas persisten, baia baia.