fireworks (archive)

Apichatpong Weerasethakul

Enrollando los velos alrededor de sus cabezas, las mujeres subieron a cubierta. Ahora avanz

Hay un lugar, en medio de la noche, que parece un templo o un parque temático. La luz de la pólvora, de los flashes y de un strober, quizás, iluminan la locación y nos permiten ver un conjunto de seres: animales, personas, monstruos o dioses hechos de piedra o de cemento. Tal vez se trate más de un templo que de un parque, porque sobre algunas figuras vemos pedazos de papel de colores o quizás tela, ofrendas o cartas que posiblemente fueron dejadas allí por visitantes del lugar pidiendo un favor o agradeciendo un milagro. En medio de la noche vemos también a dos personas recorriendo el lugar, apareciendo y desapareciendo entre las estatuas, perdiéndose de alguna manera entre en el fondo oscuro y resguardado de la luz intermitente. Personas o fantasmas, como todos cuando caminamos a oscuras y de repente somos golpeados por la luz.

Al leer más sobre la pieza, nos dicen que Weerasethakul visitó su provincia natal y escuchó los relatos de los pobladores: el clima de descontento, las protestas, la persecución estatal, un helicóptero militar derribado por los campesinos y luego vendido por chatarra. También al leer, sabemos que el fundador del templo fue perseguido por el gobierno bajo acusaciones de comunismo y, sospecha Weerasethakul, de ser homosexual.

Ninguna oscuridad se asentaría jamás sobre aquellas lámparas, como ninguna oscuridad se había asentado sobre ellas durante cientos de

Presentar esta pieza en la vitrina, tras un par de años de intentar instalarla, resulta complicado: es difícil mostrar con claridad el contexto de esta obra al transeúnte desprevenido y, sin embargo, el estallido de la pólvora en medio de la noche, las personas apareciendo y desapareciendo, la sensación opresiva de que hay un festejo pero también, tal vez, sonidos que parecen más de disparos de fusil, o quizás no, en la selva espesa, no puede resultar más familiar para nosotros.

En medio de la pandemia, del encierro que vivimos como una larga noche y cargados con esta sensación de que todo debe arder, de que todo habría de quemarse, estos fuegos artificiales son propicios para una navidad en la que el mejor regalo sería empezar a hablar con nuestros fantasmas, activarlos políticamente y decidirnos a resistir y a prender el fuego.

Hace un par de días, una conjunción planetaria recreaba el anuncio de un nacimiento en Palestina, hace más de dos milenios, que terminó transformando la historia de nuestra vida en la Tierra y de nuestras creencias. Hoy, quizás, esa misma conjunción nos llame a que algo nuevo nazca. Vivimos dando vueltas en la noche consumidos por el fuego, como sugería Debord en uno de sus documentales, pero este es quizás el mejor momento para ser ese fuego y no las cenizas que vamos dejando de nosotros mismos en nuestro paso por la vida. Felices fiestas.